
Nuestra amiga Victoria Avalon, escritora e investigadora de lo paranormal y autora de tres libros, quiere compartir con los amigos y lectores de Leyendas Urbanas Blog un capítulo de su libro "La estación de las animas".
El fantasma de ciudad Guzmán
Rodolfo, mi compadre y amigo, me contó este suceso, que hemos vuelto a comentar muchas veces después. Cuando trabajaba en el ramo bancario, hace unos diez años, tenía que viajar de vez en cuando a visitar sucursales foráneas–a "pueblear", como se dice en México– y cierta vez fue enviado junto con otro compañero, de nombre Elías, a visitar la sucursal de Ciudad Guzmán, antes Zapotlán, Jalisco, cerca de Guadalajara. El trabajo que encontraron allí resultó mayor de lo previsto y decidieron quedarse a dormir una o dos noches.
Al final del primer día, agotados por el trabajo, llegaron ya tarde a registrarse en cierto hotel ubicado en el centro y cercano a su trabajo. Se instalaron en la habitación y Elías se acostó enseguida. Rodolfo quiso darse un regaderazo antes de ir a la cama. Cuando salió del baño le habló a su compañero, pero éste le respondió con un ronquido. Se sentó en su cama y se dispuso a leer un libro antes de dormir.
Cuando empezó la lectura escuchó que le hablaron con voz suave, e indefinida. Dejó el libro y volteó a ver la habitación pero no vio a nadie. Se enderezó y se asomó para ver si había sido Elías el que estaba hablando dormido, pero su amigo estaba totalmente tranquilo. Continuó su lectura y la voz también continuó inquietándolo. Ahora ya con tono menos suave. Se levantó al baño a mojarse la cara sin dejar de escuchar la voz. Con la luz del pasillo del hotel alcanzaba a iluminarse un poco la habitación
"Debo de estar cansado y alucinando", se dijo. Regresó a la cama y retomó su lectura pero sintió una brisita cerca del oído y sacudió la cabeza tratando de ignorar aquello. Decidió apagar la luz y dormirse. Rodolfo molesto comenzó a hacer ejercicios de relajación, negando lo que sucedía, pero la voz persistía...Durante horas lo estuvieron molestando. Ya acostado, en un instante sintió que se hundía la cama, como si alguien se sentara junto a él. Entonces se incorporó, muy extrañado. Pensó estar imaginando cosas. Él no creía en rollos o fenómenos paranormales.
El ser no sólo se sentó en la cama sino que se le recostó a un lado y, aunque no lo tocó, lo sentía pegado a su costado. Rodolfo tenía la sensación como si lo estuvieran observando fijamente. Trató de encender la luz, pero el apagador no respondió, pensó que tal vez había una falla eléctrica.
Escuchó insultos y malas palabras. Voy a ignorar esto, se dijo, pero siguió escuchando sandeces. Le hablaban con mucha vulgaridad de sexo ocurrido en esa habitación. Para entonces Rodolfo ya estaba "sacado de onda". La voz no se callaba y estuvo a punto de despertar a Elías para saber si los dos escuchaban lo mismo. Pero estaba bien dormido no quiso inquietarlo. Una y otra vez intentó dormir, pero sentía la presencia tan cerca de su rostro que era insoportable.
Rodolfo, además de exhausto, estaba muy nervioso. Esto ya rebasaba el límite de su paciencia. Después de varias horas recordó un proverbio bien sabido, de dominio popular: "Si un ánima te molesta, la mandas mucho a la chingada... y lo dejan a uno en paz". Así lo hizo y ¡santo remedio!, de tan manera misteriosa como llegó el fantasma, así mismo se fue.
Finalmente el cansancio lo venció y se quedó dormido. Cuando despertó, al otro día, creyó haber imaginado o soñado cosas, y más cuando Elías le dijo que él no había escuchado nada. Pero cuando llegaron a trabajar y los compañeros del banco les preguntaron en cuál hotel se habían hospedado, los otros de inmediato dijeron: ¡Ahí asustan...! Rodolfo les preguntó si sabían en cuál cuarto y le dieron el número de la habitación donde habían dormido: la habitación 25.
Los eventos sucedidos no eran producto de su imaginación. El hijo del dueño del hotel admitió tener conocimiento de diversos hechos inexplicables ocurridos en esa recámara. Todos los empleados sabían lo que pasaba pero seguían dándole uso al cuarto. En esa misma semana habían espantado a una joven hospedada en la misma habitación. Sin embargo, a veces no ocurría nada, y no iban a cerrarlo por culpa de fantasmas. A los empleados todo eso tal vez les causaba diversión, pero Rodolfo y Elías se cambiaron de cuarto.
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1 Comentário:
Muito interessante seu blog,adicionei aos meus favoritos.Saludos.
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