El fuerte de Samaipata

Ubicada a tres horas de Santa Cruz de la Sierra (departamento de Santa Cruz, Bolivia), se encuentra la pequeña localidad de Samaipata, cuyo significado en lengua quechua sería algo así como “lugar de reposo entre las montañas” o “descanso en las alturas”. Este agraciado enclave en medio de un paisaje selvático, esconde uno de los enigmas mejor guardados de la época precolombina, y cuyos orígenes y significado aún son motivo de controversia entre la comunidad arqueológica que trata de desentrañar sus misterios.
¿Qué es realmente lo que se sabe acerca de “El Fuerte” de Samaipata?, los arqueólogos aseguran que fue un asentamiento religioso y político que se mantuvo a través de un largo periodo de tiempo que abarcó a distintas culturas. Las primeras dataciones, parecen señalar a los “mojocoyas”, uno de los primeros pueblos conocidos asentados en la zona y que probablemente iniciaron en su momento los primeros trabajos de modelación de la gran roca. Posteriormente a fechas tan remotas y hasta la conquista de los incas, el asentamiento de El Fuerte de Samaipata fue ocupado por pueblos de cultura “chané” o “chiriguanos”: todos pertenecientes a la etnia “arawak”, la que se extendió por toda la Amazonía, Orinoco, Antillas, norte de Colombia, etc., desde tiempos muy remotos. Posteriormente arribaron los incas, a partir del siglo XIV, convirtiendo a Samaipata en un importante centro político y administrativo, y también como asiento fortificado de frontera contra las continuas incursiones de los “chiriguanos” y los “guaranís”, que hostigaban sin descanso a los incas.

Comienza el misterio
Una vez llegados al lugar los conquistadores españoles, recogieron numerosas leyendas de los nativos, acerca de que sus ancestros utilizaron en tiempos inmemoriales el antiguo emplazamiento de “El Fuerte” como “punto de unión con sus dioses” y que en “caballos voladores de fuego” ascendían para reunirse con ellos. Estas mismas leyendas preincaicas -probablemente originarias de Tiahuanaco-, siempre hicieron mención explicita a que Viracocha llegó al igual que el resto de dioses que le acompañaron, los llamados “Hijos del Sol”, desde el espacio, y siempre se le relacionó como un dios del cielo y del trueno, al cual se le puede observar a menudo con plumas que representan su inconfundible capacidad de volar, al igual que un pájaro. El título de “Hijos del Sol” fue el mismo que los incas usaron siglos después de la desaparición de Tiahuanaco.

Los mitos y leyendas preincaicos siempre asociaron a “El Fuerte” como un lugar de comunicación del hombre con los dioses. La serpiente, uno de los dibujos sobre la roca más representados en todo el conjunto arqueológico también siempre se asoció con la figura de los “dioses que vinieron de los cielos”, no ya solo en la región andina sino en toda América. La mítica “serpiente emplumada”, con capacidad para el vuelo y que sintetizaba la figura de dioses como el Kukulcan de los mayas, el Quetzalcoatl de los Aztezas o el Viracocha de las regiones andinas, constituye sin duda una de las primeras referencias a la hora de estudiar el culto llevado a cabo por las culturas precolombinas en el emplazamiento de “El Fuerte” y en el resto del ande.

En Tiahuanaco donde podemos encontrar esas mismas referencias que hacen mención al culto de un dios del cielo y el trueno llamado Viracocha, el cual aparece en numerosas ocasiones representado de igual manera (aunque a veces con distintos nombres), como lo fueron otros muchos dioses del área andina, según las leyendas de distintos pueblos, tales como los “guayakis”, “guaraníes”, “nandevas”, “caiguas”, “guarayos”, “mbyas”, “chapapoyas”, “comechingones”, etc.

El mayor enigma de Samaipata, puede apreciarse desde la distancia,… en incluso desde el cielo: son dos grandes acanaladuras de gran longitud que corren en paralelo sobre una de las laderas de la roca e interconectadas a la vez por numerosas canalizaciones menores en zigzag cuyo propósito en un principio es totalmente desconocido, y aunque algunos investigadores lo asocian a usos hídricos, otros a funciones meramente astronómicas e incluso no falta quien piense que formaba parte de una ceremonia en la que por los canales correrían sangre o “chicha”, lo único cierto es que los indígenas denominan a este conjunto de canales con el sugestivo nombre de “El Torso de la Serpiente Cascabel”.
Tal vez la explicación menos ortodoxa dada hasta el momento fue la dada hace ya algunas décadas por el investigador suizo Erich von Däniken, quien afirmó que la explicación para esas enigmáticas acanaladuras o raíles en paralelo sobre la superficie de la roca, no es otro que el de servir de soporte a una rampa metálica para el lanzamiento de naves espaciales o aeronaves, a modo de los “sky-jump” o catapultas de ayuda al despegue de aeronaves de algunos portaaviones modernos, que facilitan el vuelo en espacios reducidos (como lo sería un área selvática) y con un gran ahorro de combustible. Después de todo, ya los españoles recogieron a su llegada en numerosas leyendas de los nativos, acerca de que sus ancestros utilizaron en tiempos inmemoriales el antiguo emplazamiento de “El Fuerte” como “punto de unión con sus dioses” y que en “caballos voladores de fuego” ascendían para reunirse con ellos.

Estas mismas leyendas preincaicas, probablemente originarias de la ciudad de Tiahuanaco, siempre hicieron mención explicita a que Viracocha llegó al igual que el resto de dioses que le acompañaron, los llamados “Hijos del Sol”, desde el espacio, y siempre se le relacionó como un dios del cielo y del trueno, al cual se le puede observar a menudo con plumas que representan su inconfundible capacidad de volar, al igual que un pájaro. El título de “Hijos del Sol” fue el mismo que los incas usaron siglos después de la desaparición de Tiahuanaco.

El OVNI de Samaipata
En las inmediaciones del complejo arqueológico de "El Fuerte", y próximo a la pequeña población de Samaipata, también fue localizada una roca con el dibujo grabado de lo que para muchos es una clara representación de un clásico "platillo volante" u OVNI: sus formas son tan definidas y concisas, han dado lugar al rechazo por parte de los arqueólogos de la autenticidad y antigüedad que en un principio debería atribuírsele. La conclusión de ellos es que "no puede ser real algo tan evidente". En cualquier caso, la sola existencia de "El Fuerte" constituye para muchos todo un enigma histórico, así como las extrañas leyendas locales narradas a los españoles.
Un dato importante a aportar, es que durante la primera mitad del siglo XX, antropólogos que investigaron a los últimos descendientes directos de los “arawaks”, recabaron un aspecto intrigante acerca de ellos,… los “arawaks” aseguraban lo siguiente: “…nosotros no somos hombres,… nosotros somos más viejos que los hombres,…”

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